EL RÍO Y SU PUERTO

(Relato corto)

El Guadalete;
río que sedujo
a los navegantes Fenicios,
ofreciéndole un seguro Puerto de amarre,
donde las tempestades del cercano estrecho,
amainaban el embate de sus olas,
al abrigo de las amplias dársenas naturales,
que ofrecían la dura piedra arenisca,
de las canteras de nuestra sierra.
Fue, descansadero del Rey y Caudillo Griego,
Menesteo, que dicen;
que venía de librar
valerosas y arriesgadas batallas.
Rey y jefe de las tropas Atenienses
en la Guerra de Troya,
él mandó el asalto a la ciudad
desde dentro del caballo de madera
y entró en la ciudad fortificada
conquistándola…

Este poderoso guerrero
navegó tras la dura batalla
y asedio de diez años a Troya,
como una ola sin dueño
por todo el Mare Nostrum,
tras comprobar la traición
de la que fue objeto en su ausencia,
usurpándole el trono.
Los vientos, llevaron sus naves
a refugiarse, en este bello recodo,
quedando extasiado, por tanta luz y abundancia.

Cerca de la ribera; rio arriba
en los parajes de Doña Blanca,
amarraron sus navíos y plantaron sus tiendas.
Entonces, el Rey destronado
fundo junto al cauce del Guadalete,
su nuevo Reino,
y este Gran Puerto al que llamó;
“Puerto de Menesteo”.

Puerto Gaditano de Balbo,
fue nombrado más tarde,
por el primer Cónsul Hispano
de la historia, nacido en Gades,
Balbo “El Menor”.

El todopoderoso Imperio Romano,
estableció en su margen derecha,
en torno a la Vía Augusta,
diversas villas, con industria pesquera
y agrícola y diversos alfares,
fábricas de vasijas o ánforas,
para el trasiego y transporte de mercancías,
en su espléndida flota naval.
Aquí cargaban con destino, a la Roma Eterna,
aceites, vinos, cereales, sal, salazones,
frutos de temporada, artesanía local, etc.

La invasión Musulmana,
volvió a cambiarnos el nombre,
Alcanatif, fuimos;
Puerto y Alquería Árabe,
donde un príncipe moro, probablemente
descendiente del general árabe Tarik,
que fue quien derrotó al Rey Godo Rodrigo
en la batalla del Guadalete,
dando así, paso libre, a la invasión
Musulmana, en toda la península.

Este príncipe del califato
Al-Ándalus de los Omeyas,
teniendo Palacio y Reino en Jerez,
nadie sabe porque, hizo del Puerto
su principado.
Se cree; que. no pudo resistirse
a los encantos de su río y de sus playas,
quedando turbado, ante tal cúmulo de
mágicas sensaciones y belleza única...
Y, es que… los tibios atardeceres estivales
de mi Puerto, seducen todos los sentidos...

Mandó construir en la ribera
de nuestro hermoso río,
una grandiosa mezquita,
de donde el acervo popular,
nos hizo llegar por trasmisión oral;
entre otros cuentos y leyendas;
de cómo, el enamorado príncipe moro,
en las blancas noches de luna porteña,
subía al minarete y desde la alta torre, dicen;
que podía avistar, tierras musulmanas.
Al verlas; más con su corazón, que
divisándolas con sus propios ojos;
dicen los paisanos de entonces,
que desde los extramuros del templo,
se oían los lamentos del príncipe,
que lloraba amargamente.

Añoraba su pueblo y sus costumbres.
Alá, su Dios; bendecía desde la lejanía,
al piadoso príncipe Árabe y Porteño.

De todo ello fue testigo impertérrito,
El Legendario Río “Criso” de Gerión,
“Wadi Lakka” o “Lete” de los griegos,
“Guadaletho” Árabe, o nuestro actual
GUADALETE

Todos tus nombres parecen decir lo mismo:
Olvido…que no me quisiste.
Olvido, para ser feliz.
Olvido, por no recordar,
porqué; el que olvida descansa,
y olvidar, es perdonar.
Pues perdonen,
que se me olvide,
pues; no me acuerdo de más…





RAMN 2023

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