ATARDECER EN EL PASEO DE LA VICTORIA
ATARDECER EN EL PASEO LA VICTORIA
Por entre las resecas y desnudas ramas de la arboleda del parque,
la tarde va declinando y se recrea; queriéndose asemejar
a la arrugada piel de la frente de un anciano.
Ciertamente sabia, pero; cansada, perezosa , gastada,
como las ultimas luces del día cuando, los oblicuos reflejos de los rayos solares
pintan los cielos de tonos azulados desteñidos, casi malva,
para decir adiós, como parece decir el rostro del viejo, al atardecer de su vida.
El tono pastel pálido, de los colores que fueron de niño; sonrosados y más tarde,
en la madurez plena de la vida, tostados, rudos y curtidos,
ahora son tristes y tenues presagios de despedida, como la tarde en el paseo.
Esta, dará paso a la impunidad y al silencio de la noche, solo celebrada,
por el bullicioso aleteo y el sonoro canto de las muchas avecillas,
que llegan buscando el descanso del vuelo con el alborozo espectacular de sus trinos,
que parecen estar orquestados, para debutar cada ocaso y cada alba,
en el Pomposo y Gran Teatro Natural, del
encantador Paseo de la Victoria
Del Gran Puerto.
El gorjeo de las aves, en las pajareras
que conforman las resecas ramas de aquellos desnudos arbustos,
se entremezclan con los gritos de la chiquillería, que juegan alegremente
bajo la atenta mirada de sus mamás, que tampoco paran de darle
a la sinhueso en el corrillo de señoras que allí se forma.
Los niños mientras, juguetean al escondite, a la palmá,
al salto a la pared o a los “boli” (que no a las canicas)
y a otros muchos juegos de niños; gregarios, de equipo,
que les permiten relacionarse directamente,
sin que medie otro elemento que no sea el solecito
y el aire de la tarde en el paseo de la Victoria.
Aledaño, una pequeña Capilla dedicada a los Caminantes,
bendice el solar de este vergel y a sus caminantes.
Cada mes de mayo, las hermandad de peregrinos y caminantes
de Ntra. Sra. del Rocío, se despide aquí, con una solemne misa de Romeros,
para partir en peregrinación, hasta las plantas de Esa Blanca Paloma
que celebra su romería por Pentecostés, en las tierras Huelvanas de Almonte
de donde dicen que es Madre y Patrona .
Recuerdo, que hace muchos años para ese día tan señalado, se pintaba la ermita
acicalándola para tan solemne acto y se ponía en su altar a la Virgen de Caminantes.
Yo mismo he ayudado a pintar la capilla y limpiar los alrededores.
Lo que nunca supe, de donde venía la Virgen y quien la traía.
Inmediatamente después del acto, volvía a desaparecer,
hasta el año que viene…
Aquellos viejos arbustos desnudos hoy, esperan la próxima primavera,
para lucir, en todo su esplendor con renovados bríos,
reverdeciendo los brotes que nos trae la savia
nueva
La arboleda,
guardián de todo el largo del paseo hasta la cueva,
se copará de amplias hojas, que ofrecerán su deseosa sombra
a los paseantes, cuando en verano, nos parezca el Sol del Puerto,
una gran hoguera de esas que hacemos para las Zambombá,
del Puerto, (las Zambombas Jerezanas) por Navidad….
Por la noche,
al fresco de las sombras, disfrutaran del paseo,
los enamorados, que bajo la copa de un árbol, sentados
sobre la fría piedra de aquellos bancos más de una parejita,
estarán librando una gran batalla de besos, de la que saldrán
Victoriosos muchos enamorados, que se juraran allí mismo,
amor eterno y serán para siempre, inseparables matrimonios,
abogando en este caso, por el tradicional modelo de hogar
vigente aún donde me crié, y que más tarde, tomé de modelo y
yo mismo fundé; “una maravillosa FAMILIA”, donde el respeto,
la consideración y principalmente, el AMOR entre sus miembros,
que es el moderador de todas las situaciones que nos depara la vida
y la madre de todas las virtudes que bendicen y conservan,
su existencia, como unidad afín, por vínculos afectivos,
refrendado en la mayoría de las ocasiones,
por la consanguinidad
Al crepúsculo, los enamorados buscan el cobijo
de algún recodo que propicie la impunidad y proteja su intimidad
para gastar sus labios en entusiasmados y dulces besos de amor,
llenos de indescriptibles sensaciones e inacabadas
conversaciones, para planear el futuro familiar inmediato.
Aquellos amantes, dos enormes más que centenarias moreras,
que allí están y a los que recuerdo haber trepado de niño a coger
sus verdes hojas y para alimentar mis gusanos de seda
y la cueva del estanque
cierran el parque.
Texto y foto: Rafael Angel Moreno

Comentarios
Publicar un comentario